La semana pasada hablábamos de ser efectivo. No puedes ser efectivo en conseguir resultados si no tienes una visión, un plan a medio plazo. Yo además te recomendaría tener uno a largo plazo. Yo tengo claro qué quiero hacer a los 50 y cuando me entran dudas sobre algunas decisiones, decido según ese master plan a largo plazo. Así, cada paso me acerca más a donde quiero ir realmente.

 

¿Cómo saber dónde quieres estar en 3 años? Hay mil teorías. Yo te cuento la mía: me gustan las cosas simples y relacionadas con el número 3.

 

Para pensar el plan a medio plazo, pienso 3 cosas. Y aclaro que el orden no marca la prioridad. Son tres factores que se ajustan entre ellos.Cuando están bien equilibrados te dan foco en lo que haces cada día.Te facilita tomar decisiones de las grandes con tranquilidad.

 

Te cuento los tres factores y después qué pasa cuando se desequilibran:

 

3 preguntas para hacer un plan a medio plazo

 

  • Qué tipo de empresa quieres:

 

¿Quieres tener empleados o quieres seguir trabajando solo? Tu ritmo de crecimiento es muy diferente según cómo respondas a esto. Y no sirve decir: “Si lo necesito ya los contrataré”. Eso es jugar a ser eficiente: hago lo mejor que sé con lo que tengo. Ser efectivo es decir: “Voy a tener un equipo de 2 personas en tres años”. Y a partir de ahí hacer tus previsiones de ventas y productos con ese objetivo en mente.

 

  • Qué tipo de familia quieres:

 

Si vas a tener niños, o tus niños se harán mayores, o no piensas tener familia, o si vas a tener que cuidar de tus padres, o vas a necesitar cambiar de casa para acomodar a todos tus perros, o vas a montar una comuna con tus amigos del alma.

Las horas de este bloque se descuentan de las que necesitas para conseguir la empresa que quieres. Si quieres tener 2 empleados en 3 años y tener dos hijos en medio, necesitas ayuda doméstica a jornada completa y ser feliz con el concepto de ver poco a tus hijos.

Cada uno monta su vida como quiere, pero si lo que montas no te hace feliz, no vale la pena.Y aquí es cuando viene la tercera pregunta.

 

  • Qué nivel de felicidad necesitas:

 

Hay momentos en la vida en los que inviertes, siembras para recoger. No son momentos de absoluta felicidad, pero sabes que tienen un objetivo.

Cuando decides empezar tu empresa sabes que vienen curvas. Si estás aún trabajando, te toca un tiempo de trabajo doble. Si no estás trabajando, vienen meses (o años) de reducción de gastos. Cada uno tenemos un nivel diferente de tolerancia a la infelicidad.

Tus planes tienen que ser realistas con el nivel de sacrificio que puedes aguantar.

 

Cuando sepas adónde vas, la tecnología te ayudará a conseguirlo, pero no hay tecnología que decida por ti.

 

 

¿Qué puede hacer la tecnología por tu plan a medio plazo?

 

Lo he dicho antes y lo repito. La tecnología es M&M. Sirve para Medir y Mejorar. Lo primero que te dará la tecnología es un diagnóstico claro de los que no permiten mirar para otro lado.

 

Si usas un sistema de proyectos para poner tu objetivo a 3 años y lo desglosas en proyectos más pequeños, al cabo de unos meses ya sabrás si vas bien o te has perdido por el camino. Si mides las horas que dedicas a trabajo, familia y sueño, verás en pocas semanas cómo está tu nivel de felicidad.

 

Lo mejor de la tecnología es que es neutral, no tiene opinión.

 

Te da datos fiables para que decidas. En algún momento, la tecnología tomará decisiones por ti, pero eso es un tema supercontrovertido que hoy no toca.

 

 

Los 3 desequilibrios de tu plan a medio plazo

 

Si nos centramos en el equilibrio de tu vida, medir las horas que trabajas e identificar tus prioridades te puede situar en una de las intersecciones del gráfico:

 

 

  • No duermes: estiras tus días entre ganar más y ver más a tu familia. Dejas la felicidad por el camino porque no hay más horas. Esta situación tiene un límite físico antes de que tu cuerpo te dé una alerta seria. Es una opción si tu resistencia a la infelicidad es grande (esto que ahora se llama resiliencia), pero si te frustras rápido, no vivas mucho tiempo en esta intersección.

 

  • La culpa: Has decidido ganar más y disfrutar más a costa de sacrificar horas de tu vida familiar: no ves a los amigos, no pasas tiempo con tus hijos, no sales a correr con tus perros y la culpa aparece mayor o menor según lo que sacrifiques. Es un cuadrante más cómodo si no tienes hijos y tus amigos te comprenden, y parte del motivo por el que muchas emprendedoras aparcan el tema familiar.

 

Pero la culpa es una termita: a ti te parece que estás tranquilo, pero va carcomiendo despacio hasta que tu casa se desmorona.

 

  • No sales de pobre: dedicas tiempo a tu familia y a disfrutar de la vida, pero ese tiempo sale de horas que deberías dedicar a ganar dinero. No es recomendable quedarse aquí mucho tiempo, aunque tengas un colchón amplio. Esta es una intersección compleja sobre todo para las madres que no logran volver al mercado laboral y deciden emprender.

 

 

¿Qué hay en el medio?

 

En el medio está el foco: el espacio donde dinero, familia y felicidad convergen. Cuando más alineado está tu plan, más grande es ese espacio. Cuanto una de las tres áreas tira más o la dejas de lado queriendo o sin querer, ese espacio se reduce y te desequilibras.

 

¿Quieres saber si estás desequilibrado?

 

La próxima semana te cuento cómo medir las horas que dedicas a cada área y cómo controlar tu plan a medio plazo. Lo dicho, me gustan las sagas de tres en tres :-)

Si te hss perdido el capítulo anterior o no quieres esperar a siguiente,